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El Último libro de Manuel Carballal ¡¡YA A LA VENTA!!
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Mientras los grandes teóricos especulaban sobre tan inquietante dilema teológico, las místicas del medievo protagonizaban insólitos éxtasis en los que el Santo Prepucio se manifestaba en toda su gloria.
Sor Agnes Blannbekin, por ejemplo, una monjita mística muerta en Viena en 1715, vivía unos espectaculares trances en los que se le aparecía el Divino Prepucio, comulgando con él como lo que es: la carne y sangre de Cristo (no olvidemos que en el sacramento de la comunión precisamente comemos la carne y sangre del Mesías). Y, según describía en sus éxtasis místicos, el Santo pellejillo se materializaba en su boca, con un sabor dulce y carnoso, llenándola de una gran sensación de gozo.
Tras Sor Agnes Blannbekin, otras muchas místicas protagonizaron comuniones prepuciales parecidas, e incluso se escribieron tratados monográficos sobre el tema, como el célebre “El sagrado prepucio de Cristo” , publicado en 1907 por el erudito A. V. Müller.
Como no podía ser menos, los traficantes de reliquias dirigieron su atención ante tan estimulante fetiche, y por obra del Espíritu Santo, comenzaron a venerarse Divinos Prepucios en diferentes catedrales, basílicas, monasterios, iglesias, ermitas y capillas del mundo.
Hoy en día se puede rendir pleitesia a un prepucio de Cristo en la basílica laterana de Roma, pero también en Charroux, o en Amberes. También se profesa devoción a un Santo pellejo en París, y a otro en Brujas. Existe otro Santo Prepucio en Bolonia, otro en Besanson, uno más en Nancy, y otro en Mentz. Tambien hay un divino pellejo en Le Puy, otro en Conques, y otro en Hildesheim. Por no hablar del Prepucio de Cristo de Callcuta, el de Burgos y un largo etcétera.
Hoy en día se puede rendir pleitesia a un prepucio de Cristo en la basílica laterana de Roma, pero también en Charroux, o en Amberes. También se profesa devoción a un Santo pellejo en París, y a otro en Brujas. Existe otro Santo Prepucio en Bolonia, otro en Besanson, uno más en Nancy, y otro en Mentz. Tambien hay un divino pellejo en Le Puy, otro en Conques, y otro en Hildesheim. Por no hablar del Prepucio de Cristo de Callcuta, el de Burgos y un largo etcétera.
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